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11月25日 CULTO A LAS PIEDRAS EN GALICIALa piedra, para los primitivos, era símbolo de la invariabilidad, a diferencia de otros elementos de la naturaleza sujetos a cambios. Por tener esa propiedad, transciende de la precaria cualidad humana, que también está sometida a este proceso de cambio, muerte y desaparición. Pero la piedra tan sólo será objeto de adoración o culto en la medida que se relacione con un hecho trascendente que le otorgue sacralidad. Por lo tanto, no se adora a las piedras por el simple hecho de su constitución, sino por una simbología que representa debido a su forma, tamaño, origen, etc.
En La Costa da Morte existen una serie de lugares que por la riqueza legendaria que conservan se puede afirmar que allí se practicaba algún tipo de culto pagano. Esta religiosidad pagana hace referencia sobre todo al culto a las piedras, como se puede comprobar en las leyendas sobre el Monte Pindo, el Monte de San Guillerme (en Fisterra) y las Piedras de Muxía.
Pero además aparecen otros cultos a elementos naturales, como el sol, el mar o las serpientes.
Uno de los hechos que nos muestra la fuerza de estas antiguas divinidades es el interés que la iglesia católica puso en cristianizar estos lugares, lo que dio origen a santuarios tan importantes como el Cristo de Fisterra o la Virxe da Barca de Muxía.
Así, podríamos establecer una relación de piedras en Galicia:
Piedras grabadas o con insculturas, como A Pedra da Serpe de Gondomil (Corme), donde se representa la figura de una serpiente alada. Esta piedra podría ser un antíguo altar druídico, simbolizando el culto a la serpiente. Cuenta la leyenda que aquellas tierras estaban invadidas de serpientes y que, estando predicando por allí San Hadrián, pisó fuerte con su pie en el suelo y todas las serpientes escaparon encantadas por debajo de la piedra, desapareciendo así la terrible plaga que afectaba a la zona.
Como señal de este hecho, en unas piedras que hay en la orilla del mar, cerca de la capilla, se encuentra grabada la serpiente que dejó petrificada el santo, así como la huella de su pie.
Piedras fertilizantes. Existen varias piedras que desde tiempos antiguos se les atribuye esta propiedad. Las más conocidas son la denominada Cama do santo, situada en el Monte de San Guillerme de Fisterra, y Cama da Virxen en la playa de La Lanzada, que son una pila o cama de piedra en la que se ponían a dormir marido y mujer que, por estériles que fueran, acudían a aquel lugar y procreaban.
Relacionado con el culto a la fecundidad también está, la leyenda de Orcabella, mujer vieja y fea que llegó a Galicia en tiempos de los moros, gran encantadora que perseguía a todo ser viviente, quien, después de cavar una tumba se encerró dentro con un pastor.
Piedras adivinadoras. Se incluyen en este apartado todas las piedras de abalar que denotan creencias adivinadoras o cumplimiento de alguna promesa. A Pedra de Abalar de Muxía es, de todas, la más conocida.
Hay una creencia popular que dice que la piedra abala cuando quiere, y que cuando lo hace presagia una desgracia. Hay varios testimonios que hacen alusión a acontecimientos que alertó con su abalar, cuando a mediados del siglo pasado, unos ladrones pretendían robar en el santuario y la piedra abaló sola, ahuyentándolos.
Piedras agujereadas. La principal ceremonia que se hace en estas piedras es el denominado “rito del paso” con los niños pequeños para curar el mal del raquitismo.
La piedra de Os Cadrís, de Muxía, es una de ellas, por la que la gente pasa nueve veces por debajo para curar las enfermedades de los riñones o los dolores de espalda.
Piedras de sacrificio. Son aquellas que tienen huecos o pozas, que fueron objeto de veneración por haberse realizado en ellas algún tipo de rito pagano.
En la situada en la cima del Monte Peñafiel se pueden observar en la roca unos agujeros a modo de escalera para subir a ella, y en la parte más alta unos agujeros artificiales, donde se realizaban los sacrificios.
Piedras figurativas. Son aquellas que por su forma inspiraron la imaginación popular, creándose sobre ellas diversas leyendas. Donde más abunda este tipo de rocas es en el Monte Pindo, allí, debido a la erosión, resulta fácil encontrar multitud de piedras de formas muy diversas, sobre todo en el denominado Valle Encantado o en el Chan da Mina.
11月18日 VANAGLORIA PASADA POR AGUAPara titular este relato vendría bien la proverbial frase de ‘zapatero a tus zapatos’, ya que define con más acierto la actitud del orgulloso y prepotente Gustavo II Adolfo, rey de Suecia en 1625, que pretendía asombrar al mundo, atemorizar a sus vecinos daneses y convertir el mar Báltico poco menos que en un lago sueco ordenando la construcción de una poderosa flota que sería capitaneada por una nave que llevaría el nombre de la casa real de la que provenía: Wasa (‘gavilla’).
Y así, el constructor diseñó en principio para el presuntuoso rey un navío poderoso, guerrero, ágil. Cuando le presentó los planos, Gustavo II los modificó por completo ya que pretendía hacerlo espectacular, único, a su completo antojo para deslumbrar por los mares en que navegara.
Ideó decorarlo con grandes leones dorados, figuras policromadas en las bordas, altos castillos a popa donde irían los imponentes aposentos reales y como nadie se atrevía a contradecir al rey pese a que la estabilidad del barco quedaba muy afectada, se construyó tal como él lo deseaba, con doble fila de cañones por borda, más arboladura, más velas y toda la parafernalia decorativa que le pareció añadir.
No cayó en la cuenta su graciosa majestad que eso conllevaba un desequilibrio en el conjunto de las fuerzas, una debilidad ante el empuje del viento y la necesidad de más lastre para compensar el volumen. Su desmedida fastuosidad implicó que la línea de porticones por donde asomaban los cañones quedara sólo a metro y medio por encima del nivel del agua. Mayor desaguisado en la construcción de la nave capitana no podía haberse dado jamás.
El día de su botadura, domingo 10 de agosto de 1628, la población se amontonaba en los muelles del puerto para saludar con todos los honores y maravillarse con la esplendidez del mayor buque de guerra de la flota, del lujo de sus acabados reales, de su poderío. Iban a contemplar al buque insignia de su escuadra militar, el “Wasa”, el imponente navío de 60 m. de eslora, 11 m. de manga, 47 m. de palo y 64 brillantes cañones. Justo los que le harían naufragar antes de llegar a mar abierto.
La nave, que desplazaba 1300 tm., incluidas las correspondientes a su pesada artillería y el lastre, recorrió triunfalmente el interior del puerto en dirección a su bocana con la mitad de su velamen desplegado, suficiente para la maniobra….
Pero…¡oh infortunio!... en el ligero viento que soplaba del sudoeste venía una ráfaga que lo empujó más de la cuenta a babor. Todo eran nervios ahora…prisas, órdenes y contraórdenes…por fin se colocaron los cañones en la dirección que soplaba el viento para compensar el desvío.
Pero no estaba el día de cara para el ostentoso Gustavo II. Una nueva ráfaga escoró mucho más el buque, y el mar entró a raudales por sus portillas abiertas. Y sin haber conocido mar abierto, con las velas desplegadas y la tripulación al completo, la nave insignia se hundió sin salir de puerto.
La población quedó desconcertada, decepcionada, más de uno riéndose para sus adentros, y el rey, irritado por el dispendio económico perdido y por el ridículo del que iba a ser símbolo de su poderío marítimo.
En el juicio que los insignes de la corona celebraron para determinar las causas de tal desventura, se concluyó en que todo debía achacarse a la mala suerte que se había cebado en el “Wasa” ( ¿ quién osaba culpar al rey….?)
De esta manera tan ignominiosa, el flamante buque que navegó escasos minutos acabó en el fondo de la mar, permaneciendo junto a los oropeles y la vanagloria de un monarca torpe y engreido hasta que en el año 1961 fue puesto a flote y una vez procedido a su limpieza y reconstrucción, hoy día puede visitarse en el Museo de Estocolmo.
11月4日 UNA ISLA MUY CURIOSASi ustedes navegan por la Polinesia, a 25º 4’ S 130º 5’ O, descubrirán el archipiélago de las Pitcairn de cinco islas, estando habitada solo la mayor de ellas, Pitcairn. Esto no tendría mayor importancia sino fuera por dos destacadas curiosidades. Vamos con la primera, y la segunda la reservo para el final.
Sabemos que Pitcairn tiene una población de 69 personas, pertenecientes a un total de nueve familias y que la isla se extiende a lo largo de cinco kilómetros cuadrados y su capital es Adamstown, en recuerdo de John Adams, pero quizás lo menos conocido es que sus habitantes tienen una particularidad que les hace únicos: son los descendientes de la tripulación amotinada del “HMS Bounty” .
Esta sublevación marinera les hará recordar a los cinéfilos varias películas famosas, como serían “ Rebelión a bordo” ( 1935, interpretada por Charles Laughton y Carke Gable), “ El motín de la Bounty” ( 1962, con Marlon Brando y Trevor Howard en los principales papeles) y “ Motín a bordo” ( 1984 con Mel Gibson y Anthony Hopkins).
Si hacemos memoria podemos recordar que el “Bounty” zarpó de Inglaterra en dirección a Tahití un 23 de diciembre de 1787. El objetivo del buque era plantar brotes del fruto del pan en la isla. Sin embargo, debido a una tormenta, el viaje se demoró más de lo previsto, llegando a la isla con varios meses de retraso, en una época en que no se podía realizar la plantación.
Así las cosas, los marineros del Bounty permanecieron en la isla durante cinco meses, en los que muchos entablaron relación con las nativas. Cuando finalmente pudieron plantar los frutos y zarpar de nuevo, muchos de ellos sentían que dejaban atrás algo más importante que el lugar al que regresaban.
Hasta que un día, el 28 de abril de 1789 uno de las marineros de dicho buque organizó un motín contra el capitán de la nave, William Bligh. Tras despojar al capitán del mando, lo abandonaron en un bote provisto de una vela, un sextante y un reloj, junto a algunos de los marineros que le fueron leales.
Los amotinados volvieron a Tahití, donde dejaron a los 16 marineros que no habían podido abandonar junto al capitán y recogieron a algunos hombres y mujeres tahitianas.
Después de navegar durante días, los sublevados avistaron la isla de Pitcairn, en la que decidieron refugiarse. La isla, debido a un error cartográfico de la época, no estaba bien situada en los mapas, por lo que era muy dificil de localizar.
Tras instalarse en la misma, los nuevos pobladores quemaron el Bounty para borrar su rastro. No sería hasta 1808 cuando un barco americano llegó por primera vez a la isla y se encontró a los amotinados y sus descendientes viviendo en la misma.
Diez años más tarde del motín, sólo quedaba un superviviente del mismo: John Adams, rodeado de once mujeres y 23 niños. Guiado por supuestas apariciones, Adams catequizó a los niños y comenzó a poblar Pitcairn, que con el tiempo se convertiría en una dependencia colonial británica.
Quiero advertir a las señoras que deseen desembarcar en esta isla que vayan provistas de un trabuco cargado de munición o un spray anti ‘moscones’ , pues como segunda cosa curiosa y conforme he leido en la web Isla Pitcairn el 27 por ciento de la población, es decir 7 hombres, están acusados de 96 delitos sexuales. A la vista de ello, y por si me da la idea de visitar esa isla me aprovisionaré de calzoncillos de hojalata por si han cambiado las apetencias sexuales de sus habitantes.
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