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日志


12月30日

DESEOS PARA TODOS

 

¡¡ Feliz año Nuevo !!

12月27日

RECETA PARA EL AÑO NUEVO

Para comenzar el año les recomiendo visitar a su Doctor para que les extienda una receta parecida, creo que pasaremos un año 2009 más felices.    

 

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Feliz 2009
 
 
  

12月22日

NAVIDAD

Feliz Navidad

 

  

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Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llamaba Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento” (Lc 2,4-7).

 

 

 

 

     

12月15日

CUENTO DE REYES

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Una tarde más en Timagada los niños recién salidos de la escuela tomaban sus calles, jugando unos a la piedra robada correteando para esconderse entre los matos, otros entreteniéndose con la pelota y los más atrevidos lanzaban piedritas con sus guindaderas a las latas vacías que habían encontrado en el interior de alguna papelera.

 

A Aday, Yurena y Tamara, tres amiguitos que estaban en educación infantil, les encantaba escuchar las antiguas historias que contaba don Julián, El Sieteoficios. Era don Julián un señor entrado en años al que llamaban El Sieteoficios porque sabía hacer de todo: arreglaba los tejados de las casas terreras, hacía pan y hasta pasteles, remendaba pantalones, tapaba los pajares con paja de centeno y en ocasiones hasta trabajaba de barbero.

 

Muchas tardes, sentado junto al poyo de plantas medicinales a las que cuidaba con esmero, esperaba como agua de mayo la llegada de los chiquillos de la escuela. Su cara, surcada por grandes arrugas que había labrado el tiempo, se dejaba entrever bajo las alas de un sombrero gris. Una enorme humareda que salía de su torcida cachimba de castañero, recordaba las humaseras de las chimeneas de las casas antiguas. Unos pantalones de dril, con listas blancas, una camisa de franela y unas botas de cuero de color canelo que le había hecho don Victoriano, el zapatero, conformaban su vestimenta.

 

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Por la calle de adoquines se acercaron los tres amiguitos a la casa de Don Julián:

 

--- ¡Buenas tardes! saludaron al unísono los tres compañeros.

 

--- ¡Buenas tardes, niños! -respondió Sieteoficios-. ¿Cómo lo han pasado en la clase?

 

--- ¡Muy bien! -contestó Aday-. Hoy hablamos de la estrella de los Reyes Magos.

 

--- ¡Y de los regalos que les vamos a pedir! -exclamaron entusiasmados Yurena y Tamara-.

 

- ¡Ay, los Reyes! ¡Si supieran lo que me ocurrió cuando era un menudo como ustedes! -comentó el viejo maestro-.

 

- ¡Cuente, cuente! -insistió con curiosidad Aday-.

 

Después de chupar lentamente de la cachimba casi apagada, Don Julián, ensimismado, comienza su relato:

 

-- Ustedes saben que los Reyes comienzan con mucha antelación a empaquetar los miles de juguetes que van a dejar a los niños y a las niñas. Luego, en una gran caravana formada por miles de camellos engalanados, cargados de regalos y conducida por los pajes, inician un largo y duro camino a Timagada.

 

Durante varias semanas atraviesan grandes montañas, pasan hondos barrancos y cruzan espesos bosques, antes de llegar al muelle en donde los esperan unos enormes barcos, engalanados con miles de papeles multicolores, que serán cargados de regalos que trasladarán a las Islas. Cansados, tras varios días de travesía, atracan en el puerto de noche, para que nadie los vea. A continuación, baja a tierra esa inmensa caravana con su séquito y emprende un fatigoso recorrido a lo largo de toda la cordillera, hasta llegar a Timagada.

 

Pero en esa Navidad de la que les hablo, se encontraron cuando bajaban al Valle con una desagradable sorpresa. Una malvada bruja, de nombre Escoba Maguada, que vive escondida en la Caldera de Tejeda  y que odia a los niños, había preparado un conjuro maligno con el que cubrió de nieve toda la montaña para impedir que los camellos pudiesen caminar, y evitar así que los juguetes llegasen a los ilusionados pequeños que los estaban esperando.

 

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Los Reyes Magos se pusieron muy tristes. Abajo, los niños, a eso de las tres de la tarde, subimos como todos los años por la empinada calle de la Iglesia, haciendo sonar los pitos, para recibirlos. Nuestro asombro y desesperación fueron grandes al comprobar cómo, tras horas y horas, no daban señales de vida. Algo raro estaba sucediendo y debíamos buscar una solución.

 

Entonces propuse a los demás tocar todas las campanas de Timagada para avisar a nuestra amiga el Hada de los Vientos Alisios. El repique de campanas se extendía de un lugar a otro hasta que, después de un par de horas, la divisamos en el horizonte montada en una gran nube blanca, y desplazándose hacia nosotros poco a poco. Cariñosamente, nos preguntó: ¿Qué ocurre? ¿A qué se debe tanto jaleo de campanas?

 

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--- Amiga Hada, hablé yo por todos, fuimos como todos los años a recibir a los Reyes, y después de varias horas de espera, viendo que no llegaban, nos pusimos muy nerviosos temiendo que algo malo les haya pasado.

 

Sonrió con ternura y nos tranquilizó:

 

- No se preocupen. Vayan a casa y acuéstense tempranito. ¡Ah! Y no se olviden de dejarle comidita a los camellos y algo calentito a los Reyes. Yo me ocuparé de todo.

 

El Hada de los Vientos Alisios remontó el vuelo en su nube algodonosa. Cuando ascendió lo suficiente pudo observar a los Reyes que le hacían señales con pañuelos de seda multicolores. Bajó hasta ellos y preguntó qué les pasaba. Los Magos le dijeron la faena que les había hecho la bruja Escoba Maguada, y el Hada, después de meditar un poco, sentenció:

 

- Eso tiene fácil solución. Subiremos los camellos en mi nube y yo los llevaré hasta el Valle, para que así ustedes puedan repartir los juguetes.

 

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Tuvo que hacer varios viajes hasta que trasladó a toda la caravana hasta Timagada. A la mañana siguiente, antes de que cantaran los gallos y de que saliera el sol, brinqué de la cama como un salta perico, y fui a ver si los camellos se habían comido la comidita y si los Reyes se habían tomado el chocolate calentito que les había dejado la noche anterior. ¡Se lo habían comido todo!

 

- ¡Los Reyes han venido! -grité- y muy despacio, para no despertar a mis padres, me dirigí a la chimenea a ver los regalos que me habían puesto. Todo lo que pedí estaba allí: un camión de verga con unas ruedas muy grandes y negras, dos naranjas chinas, unos higos pasados y unas lonas del indio nuevas.

 

Desde entonces, el día antes de Reyes, para avisar al Hada de los Vientos Alisios de que tiene que venir a ayudar a los camellos a bajar la ladera, en Timagada tocamos con mucha fuerza los pitos y repican las campanas de todas las iglesias.

 

--- ¡Qué historia tan bonita!, Don Julián -coincidieron los tres niños. Tenemos que irnos a casa, porque se nos está haciendo muy tarde.

 

--- Vayan, vayan..., pero cuidado con los coches -les aconsejó El Sieteoficios- Otro día les enseñaré algunos juguetes de cuando yo era niño y que los guardo como oro en paño en mi caja de madera de cedro.

 

Los tres amiguitos se alejaron muy contentos, dejando a Don Julián, El Sieteoficios, sentado en su banco de piedra, pensativo y haciendo humear su cachimba de madera de castañero, mientras la tarde caía apaciblemente........

 

( Dedicado a mis amig@s canarionas deseando que los Reyes Magos les dejen un saco lleno de ilusión) 

 

      

 

12月8日

LA NATIVIDAD DE ANA

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La aldea en que vivían Joaquín y Ana era como todas las aldeas del contorno, presididas por la tranquilidad de los que moraban en ellas, cada uno se podía poner libremente a la ventana, mirar desde el corredor, pasearse por la calle, sentarse a la puerta, pedir silla en la plaza, comer en el portal, andarse por las eras, irse hasta la huerta, beber de bruces en el caño, mirar cómo bailan las mozas, dejarse convidar en las bodas, hacer colación en los mortuorios, ser padrino en los bautizos y aún probar el vino de sus vecinos.

 

En estas aldeas Dios reunió a todos los ingenuos para cuidar de ellos y donde los locos eran tenidos por sabios. Sus pobladores habían delegado sabiamente la solución a sus escasos problemas cotidianos a los carismáticos sacerdotes del templo, pues comúnmente los problemas surgen por la tendencia de considerar lo simple como complejo y a buscar salidas audaces y atrevidas a los enigmas de la vida sin tener en cuenta que es débil la frontera existente entre la sabiduría y la locura.

 

Llevaban Joaquín y Ana unidos hacía ya dos décadas, siendo muy queridos y respetados por sus convecinos, que conocían de su generosidad para con aquellos depauperados que se acercaban a su puerta en demanda de un techo para pasar la noche y un pedazo de pan que llevarse al vacío estómago.

 

Más algo ensombrecía su existencia… pasaba el tiempo y no llegaba el hijo que ansiaban para completar su felicidad. Pese haber rogado mucho al Supremo no les era concedido que en el vientre de Ana germinara un llorón, de lo que ya se estaban haciendo a la idea pues se iban haciendo mayores. La cuna que tanto tiempo permaneció vacía fue regalada a una pareja joven que un día pasó por la puerta. Estaban un tanto desesperanzados, pues si el Sumo Hacedor les había deparado felicidad y cierto bienestar parecía haberse hecho el sordo en cuanto a chupetes y biberones.    

 

Un aciago día que Joaquín se había dirigido al templo para cumplir con el buen Dios ocurrió lo que nunca podría esperarse: fue recriminado públicamente por el sacerdote al verle entre todos los varones que sí venían aportando hijos, lo que aseguraba la pervivencia de la aldea.

 

Cubierto de vergüenza huyó por los caminos sin que nadie le viera, arropado por su túnica. Aquellas duras palabras le golpeaban incesantemente mientras vagaba sin rumbo fijo de aldea en aldea, del páramo al vergel….. para volver a su retiro del desierto.

 

Entretanto, a Ana, desesperada por la ausencia de su compañero le invadió la soledad con sus colores tristes y fríos. Para ella el sol ya no era más prolijo, la mañana más temprana, la tarde más perezosa, la noche más quieta, la tierra menos húmeda, el agua más limpia, el aire más libre, los lodos más enjutos y los campos más alegres. Pasado un tiempo se vistió de luto y la congoja era la única compañera.   

 

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Aconteció que cierto día llegase a la cueva donde moraba Joaquín, un viejo de gran sabiduría muy venerado por las gentes, al que llamaban Rubén, y dirigiéndose a él le conminó:

 

---Ve a buscar un lirio y marcha después sin dilación para tu casa, porque el designio divino ha previsto que en tí se inicie a partir de hoy un nuevo ciclo que dará gran esplendor a nuestro pueblo.

 

Así, de esta manera, pasados unos días Ana vio a lo lejos avanzar por el camino a su amado Joaquín que portaba en la mano un ramo de lirios…

 

 Y pasados nueves meses se produjo el gozoso hecho de que Ana alumbrara una preciosa niña a la que llamaron María.

 

De todo ello, el pueblo de Israel fue testigo de lo sucedido, y de esta manera lo han contado desde hace mucho tiempo y así quedó escrito por los Profetas.

Rubén

 

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12月1日

ERES MAR

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Deja descansar tu cuerpo sobre mis orillas,

que tus olas, solas,

nunca estarán.

 

Recibe besos náufragos

que yendo en busca de tesoros

se dan la dicha de perderse en la mar.

 

Testigo del día y la noche

volteas la copa del cielo

bebiéndome en un azul total.

 

Permíteme acariciarte cada atardecer con un Sol,

posar una Luna sobre tu cintura,

deslizarme entre tus cabellos cual brisa.

 

Mi amor se refleja sobre tu cristalina sal,

especies de diversos organismos se ocultan en tu fondo,

y yo el buzo osado que se adentra a buscar.

 

Mujer, eres mar,

y yo la playa donde tus tormentas van a dar.