Ruben 的个人资料Rincón del Navegante Sol...日志列表留言簿更多 ![]() | 帮助 |
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9月29日 EL PACTONunca debió el rey Gradlon de Cornouaille haber accedido a las pretensiones de sus hombres de abandonarle en aquellos momentos de gloria, su generosa decisión no hizo más que proporcionarle grandes tragedias en su vida. Él, excelente estratega y experto marinero, poseedor de una gran flota de barcos que asolaban las gélidas aguas del Mar del Norte, en su mayoría buques de guerra con los que tenía subyugados a sus enemigos, había amasado una gran fortuna a costa de saquearles, y ahora se encontraba solo, hundido y apesadumbrado en aquella inhóspita tierra.
Sus hombres, que combatieron junto a él durante años, un día se cansaron de las constantes batallas que libraban y se rebelaron cuando eran dirigidos por Gradlon al asalto de una fortaleza norteña. Muchos de ellos habían fallecido de frío, debido a que era un crudo invierno, y los supervivientes decidieron acabar con aquello y regresar a sus barcos, volver a casa y encontrarse con sus esposas, ver crecer a sus hijos y vivir en paz. Así que abandonaron al rey.
Y el destino quiso que un día el bretón notara una presencia cerca de él, fluyendo por su cuerpo una corriente de sensaciones que jamás había sentido antes. Alzó la cabeza y pudo observar de pie junto a él una pálida figura femenina que sobre su pecho lucía un precioso collar de plata que brillaba con la triste y apagada luz de las estrellas del Norte. Su cabeza y sus hombros, estaban enmarcados completamente por las finas hebras de su rojiza cabellera. Aquella impactante belleza era la malhadada Malgven, la Reina del Norte, soberana de las tierras hiperbóreas.
Extendiendo su delicada mano instó a Gradlon a levantarse y situándole frente a ella le dijo:“Se de ti que eres valiente y habilidoso en la batalla, joven y vigoroso, a diferencia de mi esposo, que es viejo y decrépito. Su espada está oxidada y en desuso. Ven conmigo, juntos podríamos acabar con él y yo regresaría a tu tierra como esposa tuya”.
Con sus artes Malgven hechizó por completo al guerrero bretón que se enamoró totalmente de la maga, consiguiendo que juntos asesinaran al anciano Rey del Norte, y tras apoderarse de las riquezas del reino huyeran empleando el corcel de batalla de ella, llamado Caballo de Mar, negro como la noche y de cuyos ollares salía fuego con cada inspiración.
Pasado un tiempo Malgven murió en el parto de su hija Dahut, y Gradlon que amaba el único recuerdo vivo de su esposa, le construyó a la niña una ciudad preciosa en la orilla del mar, protegida por grandes diques de la furia de las terribles olas, con una sola entrada a través de una gigantesca puerta de bronce cuya única llave guardaba el rey bretón, que roto por el dolor que le producía la pérdida de su amada se recluyó de por vida en el castillo.
A esta magnífica construcción que jamás habían contemplado los hombres la llamaron Ys.
Con el paso de los años aquella dulce Dahut se fue convirtiendo en una malvada y depravada mujer herencia de los genes malsanos de su madre, y con sus excesos y vicios fue transformando la ciudad de Ys en un centro pagano regido por la ginecocracia, lugar de lujuria, un reino lleno de marineros que cada día veía el advenimiento de nuevos juegos, fiestas y bailes. A través de la preciosa letra de una canción, Dahut encandilaba a los marinos y cada noche, uno de ellos acababa en su alcoba. Durante el día, festejaba con el que elegía, cortejándole. En las fiestas que tenían lugar cada tarde, se cubría el rostro con una máscara negra y se llevaba al incauto a sus aposentos. Y durante toda la noche, jugaba con el joven a su antojo, haciendo de él lo que quería.
Al llegar el alba, cuando los pájaros rompían el silencio de la noche con sus trinos, la máscara por si misma se extendía por el cuello y la garganta de su compañero, asfixiándole hasta la muerte. Una vez que el pobre infeliz caía muerto, la máscara se desprendía del rostro de Dahut, y esta ordenaba a un jinete que se llevara el cuerpo inerte en su montura para que lo arrojara, como ofrenda al Océano, en un lugar que se conoce como Bahía de los Muertos.
Aquel continuo desenfreno orgiástico pronto traspasó los muros de nuestra abadía de Douarnenez apenas levantada hacia escasos años dada la dificultad que encontrábamos en esas tierras bretonas para cristianizarlas debido al imperio de las aferradas creencias druídicas que profesaban sus habitantes. Y así, un día el Abad nos reunió en capítulo a la comunidad para deliberar la manera de acabar con aquella flagrante vileza que representaba Dahut.
Cada hermano fue exponiendo sus ideas, al que igual que hice yo al llegar mi turno, y por lo que aconteció después, creo que mi propuesta fue la más viable en aquellas circunstancias, por ello el Abad con la solemnidad propia que le caracterizaba dijo con voz grave:
---Rubén, busca en el Libro de los Secretos la invocación al Príncipe de las Tinieblas y pacta con él. Que las perdidas almas de esos desgraciados sean su pago en este trato y las arrastre al Infierno por todos los siglos venideros .
De esta manera, una mañana de primavera, un extraño jinete se aproximó a Ys. Montaba un magnífico corcel negro e iba vestido de púrpura de la cabeza a los pies. Cuando entró en la ciudad, Dahut le espió desde una ventana, pudiendo observar que era muy apuesto. Salió a su encuentro, ofreciéndole su mejor sonrisa, pero el extraño no hizo asomo de devolvérsela, ya que ni tan siquiera se fijó en ella. Contrariada, puesto que aquel hombre no cayó rendido a sus pies, lo arregló todo para que se sentara cerca de ella durante el festival de la tarde, y a medida que se acercaba el anochecer, ella le agasajó con cuentos y leyendas, a lo que él correspondió entrelazando sus manos en su dorado cabello, susurrándole cosas hermosas al oído.
De forma repentina, se escuchó un fuerte crepitar en la dirección del mar, y una aullante ráfaga de viento, recorrió los tejados de la ciudad. Dahut puso una tranquilizadora mano sobre el brazo de aquel extraño y le dijo:
---“Ya puede el viento rugir o el mar enfurecido bramar, que las puertas de estas ciudad son fuertes y sólo mi padre es quien puede abrirlas, con la llave que pende de su cuello”.
--- “Vaya! – dijo el extranjero – “pero tu padre, el rey, duerme a esta hora y si quisieras, podrías apoderarte de la llave fácilmente. De hecho, sería una hermosa prueba de amor hacia mí persona”.
Hipnotizada por los ojos de aquel peculiar caballero, Dahut decidió hacer lo que el fascinante joven le decía, así que se levantó excusándose de la mesa, y a hurtadillas se coló en la cámara de su padre, donde por un tiempo observó la llave y su cadena de plata rodeando el cuello del rey. Cuando se vio decidida, se abalanzó sobre la figura en penumbras de su padre y le arrebató la llave.
En ese preciso instante, una ola monstruosa, más alta que la más elevada de las montañas, se cernió sobre la bella ciudad de Ys. El ensordecedor sonido despertó al rey Gradlon inmediatamente, que se encontró de bruces con los ojos de Dahut que imploraba:
---“Padre, deprisa. El mar ha abierto una brecha en los muros. Montemos a Morvarc’h y escapemos”.
Cogiendo a su hija de la mano, Gradlon se dirigió a los establos y montaron sobre su corcel escapando en el momento justo en que la gigantesca ola caía sobre Ys arrasándola por completo y engullendo a sus habitantes hacia el oscuro fondo del Océano que quería cobrarse así su tributo.
Dahut, desesperada, se aferraba a su padre gritándole que la salvara, y en ese instante, un resplandeciente rayo cruzó el cielo y una voz ordenó:
---“Gradlon, deja a la princesa”.
Seguidamente apareció una figura pálida, envuelta en un hábito marrón, emergiendo de entre las aguas. Era San Guénolé, que reprendió a la princesa con estas palabras:
---“Que la desgracia y el infortunio se ceben en ti, bruja maldita, que has intentado arrebatar las llaves de la fortaleza de Ys”
Terminada su breve alocución otra enorme ola cubrió por completo al corcel, y Dahud, atrapada entre las aguas se vio arrastrada por ellas, arrancando su última esperanza de sobrevivir, siendo tragada por el remolino que se formó en el hoy conocido por “Poul Dahut”, que vendría a ser traducido como “El agujero de Dahut”.
Lo acordado en el pacto se había cumplido y el arrepentido Gradlon como desagravio a sus desvaríos fundó una nueva ciudad donde dos ríos confluyen entre siete colinas llamada Quimper, que hoy continúa en pie.
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Desde mi retiro conventual rememoro las ocasiones en que cierto número de jóvenes voluntariosos se han venido acercando a mi humilde persona para que les aconsejara sobre su idea de marchar en busca de la Ciudad Sumergida de Ys:
--- Fray Rubén, aseguran las lenguas del pueblo que cada día oyen doblar las campanas de la capilla real…que se observa a la princesa Dahud bañándose en las aguas de la mar calma..
Y yo, con la paciencia y sabiduría que me han propiciado los avatares de mi vida monacal siempre les he respondido:
--- Mirad, la profecía asegura que el primer joven que oiga el tañido de la campana sumergida podrá salvar el reino. La ciudad entera emergerá entonces, tan inocente como un recién nacido. Los habitantes de Ys regresarán de su largo destierro bajo las aguas y la princesa Dahud se casará con el valiente que haya oído la campana, y de este modo se convertirá en el nuevo rey de Ys…. pero debeis tener presente algo importante…..esa ciudad tiene rey tiempos ha… ¡¡ el Príncipe de las Tinieblas ¡! al que hubo que otorgarle ese privilegio por así constar en el último párrafo del Pacto que en su día firmé con él….
Rubén.
9月22日 LEYENDAS DE A TERRA CHALa Terra Chá ( Tierra Llana) de Galicia es la cuna del río Miño y de muchos de los numerosos afluentes que le dan su fuerza y el misterio que le rodea hasta su desembocadura en el Océano Atlántico. Como río mágico, a lo largo de las tierras por las que discurre han surgido leyendas que han llegado hasta nuestros días por medio de la tradición oral y así podemos conocerlas. Vamos con alguna de ellas.
Conforme explican las gentes de Outeiro de Rei, hace mucho tiempo que un vecino de Cela andaba pescando con su “ batuxo” ( típica barca de madera) en As Veigas y cuando intentó subir el trasmallo, que tenía repleto de truchas, éste reventó dispersándose los peces por las aguas del río. El truchero encolerizado comenzó a proferir insultos contra todos los Santos y Vírgenes del santoral que recordaba y estando en esa situación, repentinamente el batuxo volcó, quedando con la cubierta hacia abajo comenzando a hundirse en el Miño.
Por más esfuerzos que hacía el pobre pescador no podía deshacerse del enredo de las redes y aparejos y era arrastrado irremisiblemente hacia el fondo del río, momento en que desesperado se dio cuenta de la cólera empleada momentos antes, y en su angustia, se encomendó a Santa Isabel, a la que su madre lo había llevado ofrecido de niño. Al momento el batuxo emergió a la superficie, flotando con normalidad, completamente seco, llevando al truchero sano y salvo y la cubierta llena de tantos peces que ya no cabían más.
Esta otra se cuenta en la población de Francos, y se trata de un pozo situado junto el río Miño que tenía una trucha en su interior, por eso era conocido por la gente por el “Pozo da Troita”. Y resulta que la trucha subía todas las semanas al pueblo para comer, y si no había nada que llevarse a la boca se comía un hombre, así que nadie se acercaba por el citado pozo, pues primeramente convertía a los aldeanos en puercos flacos para ingerirles con mayor facilidad.
Quien sacaba provecho de todo esto era el herrero, ya que todos los miércoles la trucha subía hasta su fragua para que le rascase las escamas del dorso con un rastrillo de hierro, pues tenía la piel llena de granos y eso le aliviaba, y recompensaba al buen hombre con un saco de monedas de oro por ese servicio.
Pero aconteció que cierto miércoles el vecino más valiente de la aldea se fue para el pozo y vació dentro de él una garrafa de ácido fórmico mientras la trucha estaba en la herrería con sus picores, y así cuando volvió y se introdujo en el pozo se le quemó la piel y el estómago, desapareciendo para siempre.
Les prevengo que los vecinos aún temen que salga del pozo y, enfadada, la trucha se coma a todos ellos.
Muy curiosa resulta la protagonizada hace muchos años por los vecinos de A Ponte con ocasión de la festividad de San Lázaro, que se celebra el domingo anterior al de Ramos, tiempo en que suele llover con frecuencia en esa zona, y hartos de tener la fiesta mojada, probaron a meter al Santo en el río y de repente abrió el sol y pudieron festejarlo con normalidad.
Así me lo contaron y así lo cuento yo.
9月15日 HE VUELTO A LISBOAHe vuelto de nuevo a Lisboa este pasado fin de semana por un compromiso contraido con unas amistades. Bien sabían ellos que la capital portuguesa está llena de recuerdos para mí, deliciosos que fueron en aquellos días pero con final amargo como en ocasiones la vida te lo proporciona así. Son historias pasadas y siempre pesa más mi admiración por la Ciudad de la Luz con tranvías en las calles, fuentes públicas decoradas de angelotes, mercadillos de flores y plumas, boticas y reboticas, cafés antiguos de verdad, casas bordadas de cerámica y encajes, calles empinadas como nidos de águilas y estaciones de ferrocarril adaptándose flexiblemente a la orografía del terreno. Pocas ciudades portuarias, puedo decir, se mantienen en esa sabia prudencia de combinar lo útil con lo bello, importándoles muy poco que se les pueda tildar de retrógradas.
Dice el fado que Lisboa es “antigua y señorial”: Y esto es un valor tanto en sí mismo como en la osadía de enfrentarse a modas y mercados obligados en las metrópolis modernas. Esta ciudad es hermosa aún cerrando los ojos. Noble en su forma y en sus materiales, en sus olores cotidianos, en sus casas variopintas, y en ese trajinar constante, hablando o callando, de sus gentes por el río de sus calles.
No les recomendaría visitarla para solo echar un vistazo sobre ella, que no estaría mal, pero es preferible palpar la Lisboa construída de pequeñas cosas que proliferan por doquier. Esa Lisboa impregnada permanentemente de olor a sardinas recién asadas sobre las estufas a las puertas de las tabernas. Ese llevarte de las calles a donde ellas quieren, hasta el nido de las águilas del castillo de San Jorge o perderte camino de los muelles: Pero sobre todo contemplar sus casas, fijarse en los colores de las fachadas que el tiempo han ido difuminando quedando como viejas fotografías.
Les dejo un poema de Gabriel Sopeña que parece describir de manera nítida ese sentimiento mío de alegría/tristeza de que antes les hablaba.
Lisboa era brisa de Alfama y de mar, mar como lanzada de sal sin secar. Lisboa era el mundo, Lisboa era la luz, Lisboa era mía, Lisboa eras tú.
Lisboa era un puerto donde yo atraqué, Lisboa era un sueño dentro de un cuartel que tus labios dulces supieron romper. Lisboa te amaba, como yo te amé.
Derramando besos llegué hasta el final, donde las palabras no quieren hablar. Me serví otro trago, y otro trago más: Lisboa era el paso hacía la eternidad.
Lisboa pedía el poema mejor, la mirada más tierna, flores, la voz, la sangre más joven de mi corazón. Lisboa era el tiempo, Lisboa era yo.
Lisboa de barcos, turquesa y hollín; Lisboa y tu pecho, Lisboa y carmín. Lisboa era un verso, Lisboa era el sol, Lisboa no tenía herida. Y lloró.
Lisboa fue lluvia, tabaco y canción; Lisboa fue como un desgarro de ron que prendió en la almohada cuando amaneció. Lisboa gritaba cuando dije adiós.
Lisboa me grita algunos años después, la voz más amarga, más dura que ayer. Lisboa me cuenta que te abandoné y Lisboa te ama, como yo te amé.
9月11日 TODO UN MUNDO SUBTERRANEODesde año 1963 sabemos que en la vasta región de Capadocia, en la Anatolia central de Turquía, se esconde un enigma arqueológico de primer orden: una red de ciudades subterráneas que los expertos aún no saben con certeza ni por quién ni para qué fueron excavadas. Esos túneles, que atraviesan decenas de kilómetros en la roca volcánica, forman parte de un auténtico hormiguero humano sembrado de habitaciones, cocinas, conductos de ventilación, rudimentarias megafonías, lagares, molinos, almacenes y hasta iglesias.En la actualidad, 36 de estas ciudades subterráneas están abiertas al público, pero las estimaciones de los arqueólogas cifran en unas 200 las que pueden haber por allí.
Y fue precisamente en ese año cuando un habitante de Derinkuyu, derribando una pared de su casa-cueva, descubrió asombrado que detrás de la misma se encontraba una misteriosa habitación que nunca había visto; esta habitación le llevó a otra, y ésta a otra y a otra… Por casualidad había descubierto la ciudad subterránea de Derinkuyu, cuyo primer nivel pudo ser excavado por los hititas alrededor del año 1400 a.C. Los arqueólogos comenzaron a estudiar esta fascinante ciudad subterránea abandonada y consiguieron llegar a los cuarenta metros de profundidad, aunque se cree que tiene un fondo de hasta 85 metros.
Hasta el momento se han descubierto 20 niveles subterráneos, aunque solo pueden visitarse los ocho niveles superiores ya que los demás están parcialmente obstruidos o reservados a los arqueólogos y antropólogos que estudian Derinkuyu ( ‘pozo profundo’ en turco). Los cálculos efectuados consideran que allí podría haber capacidad para 10.000 personas.
Entre las múltiples curiosidades que contiene este laberinto nos encontramos con algo que podríamos denominar un teléfono de la antigüedad, consiste en un conducto del tamaño de una manzana que recorre todos los pisos de arriba abajo. De esa manera cualquiera puede dar instrucciones desde la superficie que se oirían abajo, a unos 30 metros bajo tierra, con total nitidez. E ingenioso son los sistemas de ventilación basados en los 52 conductos diseñados por aquellos ingenieros tan imaginativos, con lo cual si usted enciende un cigarrillo, el humo comienza a caracolear en busca de cualquiera de ellos.
La construcción de este complejo entramado de ciudades subterráneas, al igual que sucedió con las pistas de Nazca, en Perú, o con la Isla de Pascua, es atribuido por algunos iluminados a la labor de seres de otros mundos que nos visitaron en el pasado, aunque no pasa de ser una teoría más sobre el fenómeno.
Mi opinión particular es que tanto en Derinkuyu como todas las otras ciudades descubiertas hasta ahora y las que se irán descubriendo paulatinamente, floreció el mito de Shambalah, un mítico reino subterráneo cuyos tentáculos se extienden supuestamente bajo todo el continente de Asia. Quizás mi teoría sea la acertada.
( Agradecimiento: a la experta Arqueóloga Leo por la aportación de valiosos datos y fotografías que han hecho posible esta entrada)
9月8日 LA OCTAVA ISLA( Esta entrada la dedico a mis amig@s canariones por ser hoy 8 de septiembre la Festividad de la Patrona de la isla de Gran Canaria, Ntra Sra. del Pino, muy venerada por sus gentes)
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Debemos tener presente que desde los albores de la humanidad, las islas han sido asociadas a lo desconocido, al peligro, y en lo desconocido y peligroso acechan siempre tanto la condenación como la gloria. Si la tierra firme ha sido siempre el ámbito sobreentendido de las actividades humanas, el acto de navegar puede ser visto, entonces, como la violación de un límite impuesto por la naturaleza, y dado que el mar representa una frontera natural, y que el motivo principal para ir más allá de las fronteras es la ambición, el naufragio se concibe como el castigo ideal para la arrogancia y la codicia.
Ese riesgo intrínseco de toda navegación ha contribuido a identificar a las islas con lo inaccesible. Un rápido análisis de la mitología y la literatura permite descubrir la frecuente localización insular tanto de sociedades humanas ideales como de sus reversos contrarios, así como del reino de los muertos. La inaccesibilidad de las islas, aparente o real, absoluta o relativa, ha sido un aliciente para depositar en ellas nuestros sueños y pesadillas, nuestras esperanzas y temores, nuestros anhelos de salvación y nuestro terror a la condenación
Con estos antecedentes, nos vamos a referir a la octava isla del Archipiélago de las Canarias: la de San Borondón. Si usted ha sonreido pensando que todo es una quimera es señal que no tiene ojos para verla. Es fácil divisarla desde La Palma, El Hierro y La Gomera, y lo que le sucede a usted, al igual que a los navegantes que pretenden acercarse a ella sin esa fe precisa, es que la bruma la envuelve y desaparece sin dejar rastro.
Sabido es que el monje Brandrán, allá por el siglo VI partió acompañado de otros 14 religiosos en una modesta embarcación con el firme propósito de extender su evangelio por tierras desconocida y se adentraron en el antes conocido como Océano Tenebroso, hoy Atlántico. En esta aventura se enfrentaron todo tipo de adversidades, desde feroces tormentas hasta temibles y enormes monstruos marinos que pretendían devorarlos. Como escudo, supo siempre el religioso invocar con destreza y buenos resultados el nombre de Nuestro Señor Jesucristo y de la Virgen Santísima.
Y ocurrió que, un día, tras duras jornadas de viaje, divisaron a lo lejos una isla, en la que desembarcaron para descansar y recoger víveres. Mucho les llamó la atención las características del terreno y su extraña vegetación, pero no le dieron mayor importancia. Un día, con ocasión de celebrar misa, de repente el suelo empezó a moverse y se encontraron en el lomo de una gigantesca criatura marina, completamente dispuesta a terminar con su misión evangelizadora. Consiguieron regresar al barco a duras penas y contaron más tarde sus proezas.
Podemos afirmar que entre todas las “islas que no son islas” , la de San Borondón tiene una significación muy especial debido a poseer unas características que la hacen única en todo el planeta, como el hecho de que los cartógrafos no se pongan de acuerdo sobre su ubicación, tratándose de una isla móvil en todos los sentidos; o el de que las Autoridades de varios siglos se hayan empeñado una y otra vez en organizar expediciones para su conquista, no lográndolo jamás por razones que a ellos mismos se les escapaban.
Y la particularidad más hermosa de esta ínsula inexistente es, paradójicamente, que Sí existe, y por ello su permanencia está garantizada a lo largo de los siglos, por más que el racionalismo trate de menoscabar su imagen. Ha tenido a lo largo de los tiempos numerosos y muy variados apelativos, casi siempre referidos a su carácter fugaz y esquivo, pero estos nombres, Aprositos, la Encubierta, la Inaccesible, la Non Trubada..., han ido dejando paso cada vez más a su denominación actual, que ha pasado gradualmente por una evolución lingüística hasta derivar en un nombre de resonancias casi folclóricas, pero con un sabor misterioso y evocador para los habitantes del archipiélago canario: San Borondón.
9月3日 LEYENDAS d'ALACANTUna amiga de Alicante me recuerda que también existen muchas leyendas, historias y fábulas en las mágicas tierras levantinas, y así es efectivamente, y ante esta sugerencia, y a fin de complacerla, voy a exponer dos de las que ya tenía conocimiento, me refiero a “La Cueva de la Dona” y la “Sierra Helada”. Vamos con la primera:
De todos es conocido que los piratas berberiscos asolaban constantemente las costas de Levante, beneficiándose además de los excelentes refugios naturales, especialmente en los alrededores de Altea, Calpe y Benidorm, que era donde se abastecían de agua para sus largos viajes de saqueo marítimo.
Y precisamente cerca de la localidad de Altea, en un lugar solitario llamado el Corral de Enrós, vivía de manera provisional un joven matrimonio en tanto les arreglaban la casa del pueblo, cuya esposa era la mujer más bella que nunca jamás habían visto las gentes de aquellos contornos. Como quiera que el marido realizaba frecuentes viajes, ella se quedaba sola durante muchas jornadas en aquel apartado páramo.
Coincidió que una de las veces que el marido se hallaba ausente, desembarcó cerca de Altea una partida de piratas moriscos, turcos y renegados, que habían aprovechado la niebla y la oscuridad de la noche para acercarse a la costa, procediendo algunos de ellos a dirigirse al Corral de Enrós, y una vez allí, forzaron la puerta de la morada, rapiñaron lo que les pareció de valor y se llevaron por la fuerza a la dueña, a la que de nada sirvieron sus súplicas ni gritos de socorro.
Tan pronto estuvo a bordo fue presentada al capitán de la nave, y admirado éste de su hermosura, decidió ofrecérsela como regalo al rey de Argel. Seguidamente dio orden a los marineros de que la respetaran a rajatabla y la liberaran de las ataduras para que pudiese moverse por la nave con relativa libertad.
Pero aconteció que cuando los piratas apenas se habían separado de la playa, la guardia de la costa descubrió la presencia de las naves argelinas, tocándose a arrebato en el castillo de Altea y en las torres de Capnegret, la Galera y el Mascarat. Los moriscos izaron velas y remaron con todas sus fuerzas, más la mar comenzó a agitarse con violencia lo que produjo el consiguiente revuelo y desconcierto en la tripulación, situación que aprovechó la bellísima cautiva para arrojarse por la borda en su intento de huir.
La animosa joven nadaba con energía hacia la costa y la fortuna le favoreció al encontrarse sobre la mar una barquichuela a la deriva, que las fuertes olas habían arrebatado de la cubierta de una de las naves piratas. Una vez subió a ella, sin timón ni remos, se entregó a la voluntad del viento. Podemos decir que la suerte estaba a su favor, ya que en principio fue impulsada hacia la costa argelina, donde le hubiese esperado la esclavitud, pero repentinamente roló y la desgobernada barquilla tomó rumbo a la Sierra de Albir.
Volvió a verse agraciada la bella navegante, ya que sin gobierno corría el peligro de estrellarse contra las peñas, pero quiso su buena estrella que una corriente le dirigiese a la abertura de una de las cuevas allí existentes, a la que llegó desfallecida por completo.
Pasados unos días, unos pescadores encontraron en su interior el cuerpo inerte de la hermosa mujer, creyendo que estaba muerta. Algunos de ellos fueron a avisar a la justicia y los que se quedaron velándola advirtieron que respiraba. La reanimaron como buenamente pudieron dándole agua e improvisaron después un lecho para ella. Cuando llegaron las autoridades, se había reanimado del todo y pudo abrazarse a su esposo.
Y en su honor aquella oquedad pasó a llamarse desde entonces “ La Cueva de la Dona”.
La segunda historia hay que situarla en la “Sierra Helada” o Sierra de Albir ( pozo en árabe), que mencioné en la anterior. Allí hace muchos años se reunieron para tomarse una paella tres curiosos contertulios. Se trataba del Viento, la Fiebre y la Vergüenza.
Se cuenta que después de la comida, mientras se fumaban unos puritos, se ofrecieron mutuamente sus respectivos domicilios. El Viento dijo que moraba (como no podía ser de otra manera) en la Cumbre del Ventos. La Fiebre (un tanto acalorada por el atracón), dijo que se cobijaría en varios sitios costeros, principalmente en Denia. Y la Vergüenza, con voz algo insegura, aconsejó a los otros comensales que aprovecharan esa ocasión pues la vergüenza, una vez perdida, no había sitio donde encontrarla.
Posteriormente, vecinos de Alfaz del Pí, La Nucia y otros, adquirieron la costumbre de reunirse anualmente, el día10 de julio concretamente, en la playa de Albir para dar cuenta de una suculenta paella en memoria de aquellos personajes, y al atardecer, tumbados en la playa, arrojar a la mar 33 granos de sal o, en su defecto, 33 guijarros, al tiempo que pedían tres gracias, de las cuales, por lo visto, solo se conseguía una.
Ahora quiero informar a los ávidos lectores que en algún punto de la Sierra Helada está escondido un fabuloso tesoro, que naturalmente, perteneció a los piratas berberiscos. Prueba de ello es que han sido halladas muchas monedas, joyas y armas, pero el legendario botín está por descubrir.
Puedo apuntarles que posiblemente los arcones llenos de alhajas, lingotes y monedas de oro se encuentren bajo el pico más alto de la Sierra, que naturalmente es el que primero recibe los rayos solares…pero desgraciadamente, creo que los tres personajes antes citados, el Viento, la Fiebre ( Sol) y la Vergüenza (perdida) con sus devastadores efectos, han nivelado completamente la cumbre…lo que nos ha jugado una mala pasada a los eternos buscadores del oro del moro.
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